Tierra de Sabor cobra especial sentido para hacer frente a la caída del consumo

Las malas noticias parecen acumularse en la prensa económica, con ecos de las tempestades que sacudieron los cimientos de nuestro país a partir de 2008. Doce años después, y como consecuencia de la crisis sanitaria, las olas también rompen en los muelles de Castilla y León, una tierra marcada por sus propias circunstancias que recibe los embates de manera quizá matizada: la actividad económica se ha mantenido en aquellos sectores que por su propia naturaleza no pueden detenerse, como la agricultura y la ganadería.

Seguridad

Sobre el sector transformador se cierne la espada de Damocles de la crisis económica y su reverso, la caída del consumo. Es aquí donde cobran especial sentido las iniciativas desarrolladas para impulsar la comercialización, pilares que aportan seguridad en tiempos de zozobra.

Resulta sabido que Castilla y León es la mayor comunidad autónoma de España y una de las regiones más extensas de Europa. Un territorio tan amplio, y con un papel tan importante del sector primario, depara una amplia riqueza gastronómica, lo que se traduce en multitud de productos típicos.

Riqueza alimentaria

En el plano oficial, la riqueza alimentaria de Castilla y León ha hecho que la comunidad cuente con cerca de 70 figuras de calidad. Hace once años, esa dispersión llevó al Instituto Tecnológico Agrario y Agroalimentario, Itacyl, a diseñar un distintivo de calidad alimentaria, Tierra de Sabor, como garantía cualitativa para el consumidor.

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