Llegan los exámenes finales

José Ángel Cortijo

Quizá nadie haya reparado todavía en ello, pero la vida de un cultivo herbáceo tiene en Castilla y León la misma duración que el curso al que se debe someter un estudiante: desde las expectativas de un -a veces- ilusionante mes de octubre hasta el final de año, previo a las vacaciones de verano.


Un buen campo de juego
Es por tanto en estas fechas cuando el agricultor recibe su boletín de notas, con una nota media más cercana al suspenso o a la matrícula de honor en función de cómo haya aprovechado sus aptitudes.

Este año hemos contado con un campo de juego que se ha mantenido en unas condiciones ‘casi’ excelentes. Si no lo han sido del todo ha sido por los diez o quince días de la segunda quincena de mayo en los que se han registrado temperaturas muy elevadas.

Todos los cultivos de secano lo sufrieron, en mayor o menor medida, con la diferencia respecto a otros años de que en esta ocasión la planta no estaba acostumbrada a sufrir: había gozado de condiciones de temperatura y humedad excepcionales, y entre otras cosas no había desarrollado un sistema radicular adecuado.

De ahí se va a deducir una pérdida de producción y calidad cuya dimensión todavía no podemos conocer.

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