Los 40 municipios dedicados al lúpulo en la leonesa ribera del Órbigo han visto esta semana cómo las cuadrillas se introducen en el campo para cortar la planta y llevar su preciada flor femenina (responsable de algunas de las propiedades organolépticas de la cerveza) a secar.

Es el inicio de un trabajo delicado y laborioso en unas 500 hectáreas de cultivo, donde se produce más del 96% del lúpulo nacional.

La producción estimada supera el millón de kilos, una cifra modesta pero que da un respiro al sector después de los sucedido el año pasado, cuando una meteorología adversa se vio rematada por la fuerte tormenta caída el 24 de agosto, que arruinó la mitad de la cosecha.

El lúpulo se ha convertido en un cultivo emblemático de la comarca gracias a sus suelos, pero sobre todo por un microclima de veranos suaves, con noches frescas.

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