La tristeza se nota en el sector ganadero cuando finalizamos 2019. Los ganaderos no podemos evitar esta sensación de pena debido a los constantes y gratuitos ataques que sufrimos por parte de una sociedad cada vez más influenciada por un sector supuestamente ecologista pero que no responde más que a un nuevo modelo de negocio, pues no es la ecología ni la razón lo que rige dichos ataques. Hoy en día queda muy “cool” culpar a los ganaderos de todos los males mientras señores que viajan en jet privado y que como profesión tienen quemar neumáticos y gasolina se llenan sus bocas en decir que lo animal está destruyendo el planeta. Todo sea por promocionar su negocio.

Pero esa sensación de tristeza se agrava por la indefensión del sector ganadero por parte de las Administraciones pues de ellas depende el control del cumplimiento de las estrictas normativas europeas y nacionales en cuanto a salud pública, medio ambiente, sanidad y bienestar animal.

Cuando se acusa a la carne roja de ser posible causa de cáncer nuestro Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social no tiene a bien explicar a la sociedad que pueden estar absolutamente tranquilos porque todos los productos de origen animal están sometidos a estrictos controles que garantizan la salud del consumidor y que un gran plantel de veterinarios y médicos se encarga de velar porque la “estricta” normativa se cumpla y así defender a un sector que produce alimentos con total garantía.

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